EL VETERINARIO MILITAR FRANCISCO CRESPO EXPLICÓ LOS DETALLES DEL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN CANINA EFECTUADO EN EL CENTRO DE CRÍA CABALLAR DE ÁVILA
DESDE 2011, SE HAN ENTREGADO A DIFERENTES UNIDADES DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD Y ARMADAS 900 EJEMPLARES
El teniente coronel veterinario Francisco Crespo Castejón, jefe del Centro Militar de Cría Caballar de Ávila, abordó en una conferencia programada con motivo de la celebración del Día de las Fuerzas Armadas todos los detalles relativos a los procesos de socialización canina que llevan a cabo en las instalaciones, y que han permitido la entrega de cerca de 900 ejemplares a diferentes unidades de las Fuerzas de Seguridad y Armadas desde su puesta en marcha en 2011.
Según señaló el oficial, que pertenece al Colegio de Veterinarios de esta provincia, en el centro se comienza a trabajar con los perros desde que nacen y, en función de su edad, son expuestos “a una serie de estímulos para que se vayan acostumbrando a ellos y, cuando llegue el momento de su adiestramiento, sean capaces de trabajar independientemente de las circunstancias que se produzcan”.
Por ello, durante esa fase inicial se potencian instintos como el de caza y de presa porque es “clave para el trabajo”, además del instinto de defensa y el vínculo con el hombre. “Este tipo de perros suelen están ocho años trabajando con su instructor o guía y la mayor parte del día lo van a pasar con él”, apuntó Crespo para resaltar que se trata de un vínculo esencial.
La socialización llevada a cabo en Ávila dura cerca de un año, y se centra en varios escenarios: algunos son de interior como sucede con sitios oscuros, subir y bajar escaleras, o someterlos a ruidos, para lo que se cuenta con un cañón de gas o se recurre a disparos. También se trabaja en superficies muy inestables como escombros o tubos, que son muy difícil para ellos pero habituales en la búsqueda de personas y explosivos.
Selección y pruebas
El personal encargado de ellos recurre al aprendizaje por refuerzo positivo, y destaca asimismo la realización de pruebas de aptitud veterinaria, con análisis sanguíneos, serológicos y radiológicos, para evitar casos de displasia, así como la selección genética de los individuos con progenitores de rasgos contrastados.
Tras completarse esta parte de socialización que incluye estancia en espacios públicos de la ciudad, los animales tienen que pasar unas pruebas fuera de Ávila. Entre ellas están unas físicas y otras de aptitud para el trabajo. Se llevan a cabo en las unidades que van a ser receptoras de esos animales, y ahí se valora el grado de socialización. Si las superan, “ya pueden ser adiestrados en cualquier especialidad en las que sean útiles, ya sea para seguridad, detectar droga, dinero o explosivos, o para búsqueda de personas vivas o cadáveres”.
A los perros que no pasan las pruebas -alrededor del 30 por ciento- se les busca como salida la adopción. La conferencia tuvo lugar en el Palacio de los Serrano de la ciudad amurallada, con presencia de autoridades civiles, militares y numeroso público.
